viernes, 9 de octubre de 2015

Slow suicide's no way to go

Diminutos delirios y alucinaciones como confundir pequeñas figuras inertes con pequeños animales, darme la vuelta y comprobar que no hay nada, nada, comienza con un tinnitus suave, náusea de realidad, reflejos breves, mueres sino te detienes.
la meta: matarme de hambre, matar eso, sin acabarme íntegramente.
No funciona, no, ya nada funciona conmigo, esto me ha dejado una deliciosa anemia matinal, me di cuenta a destiempo de que al crecer ya no buscaba la felicidad sino parar el dolor, dolor que anoche tire al cosmos de las cloacas de mi baño.
La conciencia, un estorbo, un pedazo de mierda dura y seca, inodora a la que puedo patear en escenas de nulidad cotidiana o tan solo estoy cansada de tanto psicópata con mal gusto, la incertidumbre, una trampa, se acaba. Ya no me encuentro desorientada en los infiernos que he construido, tampoco se ríe el duende cuándo siento sentimientos de afecto, empatía y calor por el siguiente humano, desenfada pero hasta cuando, verdaderamente he perdido algo y le estoy fallando a la niña que fui, dejándola morir, así, con toda esa pedantería vanidosa de mierda en mi mirada.
El estómago en desuso, esa maravillosa sensación, los días de ayuno son bonitos…                 y finitos
yo que sé, al menos puedo decir que fui feliz no siéndolo. 
solo tengo dos opciones, pero joder, lo desesperante que aún no es suficiente.

me voy a reir de mi misma si leo esto dentro de unos años, luego sentiré falta.

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Satán es mi mejor amigo, jódeme como quieras.